sábado, 25 de octubre de 2014

VALORES - por Jorge A. Dágata

        La lluvia de tres días lo ha dejado andar en paz esta noche que termina, con estrellas y barro, con las últimas luces ahogadas en el resplandor que crece para guiarlo.
Ha recorrido calle por calle, ha sentido en los buenos lugares que hizo falta más fuerza para seguir, y en los malos se ha encogido en su nada hasta esconderse en la primera sombra y estar vivo aún y no rendirse, para seguir andando aunque lo piensen desaparecido.
Lleva su fortuna detrás, tira y avanza, y adelante esa ansiedad de estas semanas que aplaca con pura paciencia, este apuro tan raro, un buen motivo, lo comprende, es tan pequeña y tan grande, nunca así se ha sentido, lleva detrás algo más que la taza prestada y el hoy y un poco más todavía, lo sabrá cuando llegue y separe, entierra las ruedas y mece, aprieta los dientes, sortea los charcos, cada vez más brillantes, cada vez más cerca.
Lleva detrás su tiempo niño abandonado, los desechos del mundo que quiere lindo y nuevo, tira y arrastra, lo que no pudo ser, lo que fue sin que pueda cambiarse, avanza y rompe y gana a cada paso unos gramos de luz que separan lo viejo de lo nuevo, lo nuevo de lo ausente, lo ausente con lo injusto revueltos en la noche que se acaba.
Un mate recibido, un gracias entregado, una pausa que apura las horas del amigo al que llaman sereno y le ha contado sus tormentos de noches sin dormir allá solo en la casa, y lo ha escuchado sonriendo la novedad inmensa de la suya, que ahora tiene llantos que no son dolor y mañanas que pagan las esperas, las dudas, el choque inevitable de tantos desencuentros, un mate recibido, un gracias entregado que vale por los labios que ha resecado el frío y vale más por ese roto silencio de sentirse escuchado.
Quiso entregar una moneda a la chica tambaleante que le ofrecía sus pechos para venderle la gana, pero no pudo hacerlo porque no la tenía, y ella y las demás festejaron un buen rato y él no supo si después, allá en la penumbra de la plaza, lloraba o reía mientras se alejaba.
Su furia le mandaba rayarle la pintura y patearlo a morir, pero ha pedido perdón al dios que siempre lo acompaña, refugiado como él, en la sombra, cuando lo provocan para encarcelarlo, y ha buscado un perdón para aquel hombre que le gesticulaba insultos, demorado por su culpa lo que dura un solo gesto. Sin querer lo había cruzado, apenas lo necesario para atracar el carrito de chapa con ruedas de bicicleta a la vereda repleta del local iluminado que nunca lo defrauda, lleno de tantas cosas tras las rejas. Tal vez el pobre hombre enfurecido vendrá a comprar algunas este día, tendrá otro dios generoso que lo complace sin esconderse, o una cuna también donde le sonríe su mañana. Si a lo mejor volvieran a cruzarse, entonces él sabrá dejarle libre el paso, tal vez el hombre tuvo una razón de apuro, lo salude, acelere y hayan comprendido, tal vez su dios ya lo haya perdonado.
Ahora baja un poco más, rueda al costado de los arroyitos que lo llevan al fondo de la calle, cansado y seguro, contento de este nuevo día en que podrán devolver la taza de arroz a la buena vecina, un tesoro de granos para los tres encierros de la lluvia.
Ha terminado su jornada de la noche y más tarde tendrá tiempo para separar los cartones del fierro, el cobre, el aluminio, los malos y los buenos recuerdos, pero antes gozará esta vida nueva de su casa, tan chiquita, que estará ahora mismo mamando su parte del arroz de la vecina, él podrá besarla y curará sus desalientos de llegar algunas madrugadas con el carro vacío y meciéndola en sus brazos liberados calmará ese frío de andar sin que lo vean.
Cuánto valdrá el cartón y cuánto el cobre, cómo es que cae el precio cuando cae la lluvia, que sean hoy dos tazas, una y una, y la balanza mire por lo duro que fue andar en el rastro inocente del agua, que resulte esta vez un poquito más fiel, unos gramos más justa.
Ya no será llegar y lo de siempre. Así la había imaginado, sana y alegre, y algo desde la confusión supo escucharlo. No besa en su carita rosada esa mancha oscura que siempre quiso torturarlo, no está su espalda abultada ni sus piernas torcidas, él quedó como un tonto al gritar que no hay en el mundo nada más hermoso. Es verdad, fue muy tonto, su mujer se lo ha dicho y los dos se han reído.
Él la hubiese querido tanto o más, como fuera, más no lo ve posible, cómo será, no sabe. Pero sabe que todos los mañanas será feliz si el carro se hace más lento por el peso y que nunca a su niña la correrán los otros ni quedará de lado cuando jueguen los otros,  ni tendrá que esconderse en una de esas sombras donde  hay un dios que puede comprenderlos, y una vez, cuando crezca, aprenderá a llenar los vacíos de lluvia con lo que haya, el azúcar, la harina, lo que otro necesite para que lleguen, renazcan y se queden, allá donde las calles y los solos callados se van borrando pero tiran y avanzan con sus noches pesadas y sus cunas livianas, los otros invisibles, esos nunca escuchados,  los siempre desaparecidos.

Anécdotas talmúdicas y de Rabinos famosos (Selección) Por Rabino Dr. Simón Moguilevsky

SOPORTAR NUESTRAS CARGAS

El Maguid de Dubno dio una memorable parábola respecto a la excesiva participación en negocios. Un joven iba caminando por la calle y cargaba un paquete sobre sus espaldas, cuando pasó un carro y el que lo manejaba lo invitó a subir y éste muy agradecido subió y se sentó, pero cargando el paquete, sin colocarlo sobre el piso. El cochero le preguntó el motivo de tan raro proceder y el joven le dijo que era muy amable su invitación para subir al carro, pero eso no significaba que debía cargar con su paquete.
-Tonto -le dijo el cochero- ¿no te das cuenta que al cargarte a ti, también cargo tu paquete?
Así como el Eterno nos da vida y nos conduce a través de ella, así también carga nuestras necesidades, inclusive nuestro sustento.

UN DÍA ANTES

Existe una leyenda respecto a un Rabino que era constantemente atormentado por el primer ministro de una nación gobernada por un rey déspota. Cierta vez el funcionario le dijo:
-Veo que usted tiene todas las respuestas a lo que le pregunto y ya que es tan inteligente, dígame ¿cuándo va usted a morir?
El Rabí se dio cuenta de que estaba en un grave problema. Si le decía una fecha lejana, el rey lo podría mandar a ejecutar con anterioridad, con lo cual probaría su equivocación. Obviamente si decía una fecha próxima, el déspota violento lo haría ejecutar de inmediato.
El Rabino pensó unos minutos y luego, con una sonrisa dijo:
-No sé exactamente cuándo, pero le puedo asegurar una cosa: voy a morir un día antes que usted.
Demás está decir que el primer ministro hizo lo más grandes esfuerzos para que el Rabino siguiera viviendo por mucho tiempo.

HONESTIDAD

Al poco tiempo de que el Rabino Iaakov Kamenetsky asumió el cargo como guía espiritual de la ciudad de Tzitevan, Lituania, vino un miembro de la comunidad para aconsejarse respecto de un hecho que le había sucedido en el correo, donde el empleado en vez de darle vuelto de un billete de 10 de la moneda del lugar, le dio vuelto de 100. Rabí Iaakov le dijo que de acuerdo con nuestros sabios hay que se honesto tanto con los propios como con lo gentiles y lo invitó a que devolviera el dinero.
Tiempo después, el Rabino estuvo en el correo y el mismo empleado le dio más estampillas de las que había solicitado y el Rabino se las devolvió. La sonrisa astuta del empleado lo convenció de que estaba probando si el nuevo Rabino era honesto o no. Y en verdad quedó encantado de tener la oportunidad de demostrar su conducta en aras de la Santificación del Nombre del Eterno.
Después de la guerra supo que ese empleado había sido uno de los pocos que habían estado dispuestos a esconder a los judíos de los nazis.

DONDE MORA EL ETERNO

Cuando el Rabí de Kotzk era pequeño, le preguntaron:
-¿Dónde mora el Eterno?
Y respondió:
-En todo lugar donde lo dejan entrar.

SILENCIO
Uno de los sabios más conocidos del judaísmo polaco, Rabí Meir Ijiel de Ostrovska,
era muy conocido por sus silencios y hablaba únicamente en caso de extrema necesidad.
Uno de sus discípulos le preguntó el motivo de su conducta y respondió
-Soy hijo de panadero y mi padre me enseñó que el arte de obtener un buen pan consiste en tener el horno cerrado para que haya más calor dentro de él. Es por eso que recapacito antes de pronunciar una palabra.

GANADORES DEL CONCURSO "CONTATE UN CUENTO VII"

La Escuela de Educación Secundaria Nº 3 “Carmelo Sánchez lleva adelante el proyecto Cultural “Contate un Cuento”. Se trata de un concurso literario narrativo que invita a los  a los jóvenes y adultos de nuestra ciudad, de toda la Argentina y de otros países a desplegar su creatividad. Hoy nuevamente el objetivo está cumplido y la séptima edición cuenta con nuevos ganadores …

Categoría A: Jóvenes de 12 y 13 años 
Premio Compartido
“ El amor después del amor” obra perteneciente a Milagros Johana López, alumna de 2º año  E.S. Nº 1 de Napaleofú 

“Mi muñeca de trapo y yo” de  Federica Diez Manetti, alumna de 1º año de E.S. Nº 3 “Carmelo Sánchez” de Balcarce

Mención de honor
“El proceso” de Juliana Patuto, alumna de  1º año E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” de Balcarce
“No vi mi sombra reflejada” de Agustina Leguizamón, alumna de 2º años de E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” de Balcarce
“El secreto del espejo” de Ana Josefina Blanco, alumna de 2º año de E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” de Balcarce

Categoría B: jóvenes de 14 y 15 años
Ganador
“La máquina del tiempo” de Constanza del Rosario Pérez, alumna de 4º año de E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” de Balcarce

Mención de honor
“La enfermedad que cambió a Nicolás” de Macarena Pérez, alumna de 3º de E.S.T Nº 1 de Lobería
“Nacimos para morir juntos” de Guadalupe Felix Marsal, alumna de 3º año de E.S. Nº 1 de Napaleofú
“Diario de las pesadillas” de Santiago Dadin, alumno de 3º año de E.S.Nº 1 “Antonio G. Balcarce” de Balcarce


Categoría C: jóvenes de 16,17 y 18 años
Ganadora
“La musa” de Ana Clara de los Ángeles Romero, alumna de 5º año de E.S.Nº 1 “Antonio G. Balcarce” de Balcarce

Mención de honor
“¿Y dónde están mis zapatos?” de Gladys Aguilar, alumna de 6º año de E.S.Nº 1 “Antonio G. Balcarce” de Balcarce
“Entre el amor y la música” de Damaris Lorena Chirizola, alumna de 6º año de E.S. Nº 1 “Antonio G. Balcarce” de Balcarce
“La elegida” de Eugenio Cuccioletta , alumno de  3° año del Colegio Leopoldo Lugones  N° 8215 de Santa Fe

Categoría D: adultos
Ganador
“Palabra santa o un punto fuera de recta” de Ernesto Daniel Bollini de Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Mención de Honor
“Ángeles sin alas” de Viviana Martínez  de la ciudad de Balcarce
“La protesta de los viejitos” de Ricardo Gustavo Creimer de la ciudad de  La Plata
“Una mochila de Mickey” de Mariano Contreras de la ciudad de Lobos, provincia de Bs.As.

MENCIÓN ESPECIAL DEL  JURADO
“El ermitaño” de Tobías Almada alumno de 2º grado de Colegio Isaac Newton, Mar del Plata

      Hubo un total de 153 participantes. Entre las escuelas intervinientes, además de las ganadoras, se encontraron: E.S.B Nº 4, la E.S. Nº 4, la E.S.B. Nº 6, la E.S.Nº 8,  el Colegio Santa Rosa de Lima y el Colegio San José, de la ciudad de Balcarce. La E.S.Nº 2 de Lobería ,la E.S.Nº 3 de San Manuel,  la E.S.Nº 4 de Tamangueyú, la E.S.Nº 5 de Lobería, la Esc. de Educación Agraria N° 1 de Lobería, el CED de Otamendi; la E.ST. Nº 1 de Miramar; Colegio don Orione de Tigre, Escuela 123 de Trelew, la escuela Fuente de Moral de Córdoba, España, Colegio Atlántico del Sur de Mar del Plata, CAI de Avellaneda . En la categoría Adultos hubo participantes de la ciudades de Balcarce, Mar del Plata, Miramar, Lobería, Ciudad Autónoma de Bs.As., Avellaneda, Ramos Mejías, Caballito , Vicente López, San Fernando, Tres de Febrero, San José (Entre Ríos), Acassuso, Matanzas (Venezuela), Zaragoza (España), Marbella (Málaga) .
 El jurado estuvo integrado en esta oportunidad por las Inspectoras de Secundaria Lourdes Ochoa (categoría A) , la Inspectora de Educación Primaria Mónica Arriegue (categoría B), la Inspectora de Psicología Social Juana Benites (categoría C) , la directora de la E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” (categoría B y C), Vicedirectora de la E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” (categoría A y D) y las profesoras Idelsa Arcuri y María Angélica Pajín y el escritor Ezequiel Feito . 
 Esperamos a todos los ganadores y participantes en el acto de premiación que se realizará el día 31 de octubre a partir de las 9hs. en nuestro establecimiento sito en calle 32 Nº 1026. Los ganadores serán premiados con un MP3 auricular inalámbrico donado por los gremios docentes y libros. Los cuentos ganadores y menciones próximamente aparecerán en este semanario y en el blog de Rescatados del Fuego (http://rescatadosdelfuego.blogspot.com.ar) y todos los participantes recibirán un libro donado por el Ministerio de Educación de La Nación, por ello el equipo directivo y la profesora coordinadora Paola Alessio agraden al Asesor Daniel Pico

  El hombre, al narrar, no sólo organiza su propia experiencia sino que, también, construye la memoria individual y social. La narración está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las sociedades, comienza con la historia misma de la humanidad, y es nada menos que la organización discursiva de la historia. Aprender a narrar, entonces, es una conquista de vital importancia porque implica referir acciones humanas dotadas de intencionalidad organizar los hechos temporal y causalmente . Estamos orgullosos de haber creado este espacio que convoca cada año a más participantes y como decimos siempre“Mientras haya alguien que quiera contar, mientras haya alguien que quiera escribir, mientras haya un joven con ganas de imaginar, “Contate un cuento” existirá.

sábado, 18 de octubre de 2014

El placer de vagabundear - Por Roberto Arlt

         Comienzo por declarar que creo que para vagabundear se necesitan excepcionales condiciones de soñador. Ya lo dijo el ilustre Macedonio Fernández: "No toda es vigilia la de los ojos abiertos".
Digo esto porque hay vagos, y vagos. Entendámonos. Entre el "crosta" de botines destartalados, pelambre mugrientosa y enjundia con más grasa que un carro de matarife, y el vagabundo bien vestido, soñador y escéptico, hay más distancia que entre la Luna y la Tierra.
Salvo que ese vagabundo se llame Máximo Gorki, o Jack London, o Richepin.
Ante todo, para vagar hay que estar por completo despojado de prejuicios y luego ser un poquitín escéptico, escéptico como esos perros que tienen la mirada de hambre y que cuando los llaman menean la cola, pero en vez de acercarse, se alejan, poniendo entre su cuerpo y la humanidad, una respetable distancia.
Claro está que nuestra ciudad no es de las más apropiadas para el atorrantismo sentimental, pero ¡qué se le va a hacer!
Para un ciego, de esos ciegos que tienen las orejas y los ojos bien abiertos inútilmente, nada hay para ver en Buenos Aires, pero, en cambio, ¡qué grandes, qué llenas de novedades están las calles de la ciudad para un soñador irónico y un poco despierto! ¡Cuántos dramas escondidos en las siniestras casas de departamentos! ¡Cuántas historias crueles en los semblantes de ciertas mujeres que pasan! ¡Cuánta canallada en otras caras! Porque hay semblantes que son como el mapa del infierno humano. Ojos que parecen pozos. Miradas que hacen pensar en las lluvias de fuego bíblico. Tontos que son un poema de imbecilidad.
Granujas que merecerían una estatua por buscavidas. Asaltantes que meditan sus trapacerías detrás del cristal turbio, siempre turbio, de una lechería. El profeta, ante este espectáculo, se indigna. El sociólogo construye indigestas teorías. El papanatas no ve nada y el vagabundo se regocija. Entendámonos. Se regocija ante la diversidad de tipos humanos. Sobre cada uno se puede construir un mundo. Los que llevan escritos en la frente lo que piensan, como aquellos que son más cerrados que adoquines, muestran su pequeño secreto... el secreto que los mueve a través de la vida como fantoches.
A veces lo inesperado es un hombre que piensa matarse y que lo más gentilmente posible ofrece su suicidio como un espectáculo admirable y en el cual el precio de la entrada es el terror y el compromiso en la comisaría seccional. Otras veces lo inesperado es una señora dándose de cachetadas con su vecina, mientras un coro de mocosos se prende de las polleras de las furias y el zapatero de la mitad de cuadra asoma la cabeza a la puerta de su covacha para no perder el plato.
Los extraordinarios encuentros de la calle. Las cosas que se ven. Las palabras que se escuchan. Las tragedias que se llegan a conocer. Y de pronto, la calle, la calle lisa y que parecía destinada a ser una arteria de tráfico con veredas para los hombres y calzada para las bestias y los carros, se convierte en un escaparate, mejor dicho, en un escenario grotesco y espantoso donde, como en los cartones de Goya, los endemoniados, los ahorcados, los embrujados, los enloquecidos, danzan su zarabanda infernal.
Porque, en realidad, ¿qué fue Goya, sino un pintor de las calles de España? Goya, como pintor de tres aristócratas zampatortas, no interesa. Pero Goya, como animador de la canalla de Moncloa, de las brujas de Sierra Divieso, de los bigardos monstruosos, es un genio. Y un genio que da miedo.
Y todo eso lo vio vagabundeando por las calles.
La ciudad desaparece. Parece mentira, pero la ciudad desaparece para convertirse en un emporio infernal. Las tiendas, los letreros luminosos, las casas quintas, todas esas apariencias bonitas y regaladoras de los sentidos, se desvanecen para dejar flotando en el aire agriado las nervaduras del dolor universal. Y del espectador se ahuyenta el afán de viajar. Más aún: he llegado a la conclusión de que aquél que no encuentra todo el universo encerrado en las calles de su ciudad, no encontrará una calle original en ninguna de las ciudades del mundo. Y no las encontrará, porque el ciego en Buenos Aires es ciego en Madrid o Calcuta...
Recuerdo perfectamente que los manuales escolares pintan a los señores o caballeritos que callejean como futuros perdularios, pero yo he aprendido que la escuela más útil para el entendimiento es la escuela de "la calle, escuela agria, que deja en el paladar un placer agridulce y que enseña todo aquello que los libros no dicen jamás. Porque, desgraciadamente, los libros los escriben los poetas o los tontos.
Sin embargo, aún pasará mucho tiempo antes de que la gente se dé cuenta de la utilidad de darse unos baños de multitud y de callejeo. Pero el día que lo aprendan serán más sabios, y más perfectos y más indulgentes, sobre todo. Sí, indulgentes. Porque más de una vez he pensado que la magnífica indulgencia que ha hecho eterno a Jesús, derivaba de su continua vida en la calle. Y de su comunión con los hombres buenos y malos, y con las mujeres honestas y también con las que no lo eran.

Aguafuertes porteñas

El origen del mal Por León Tolstoi

         En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas.
En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.
-El mal procede del hambre- declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema.
Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.
El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico.
-Opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas. Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella "¿Habrá comido?», nos preguntamos. "¿Tendrá bastante abrigo?» Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.
-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente.
El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos.
Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.
El ciervo no fue de este parecer.
-No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal pequeño, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El corazón palpita, como si fuera a salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y
caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el miedo.
Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente:
-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.

Frases de RL Stevenson

- Las mentiras más crueles son dichas en silencio.

- Guárdate tus miedos, pero comparte tu valentía con otros.

- Mi memoria es magnífica para olvidar.

- Cuando amamos servimos; Cuando somos amamos por otros, casi diría que somos imprescindibles; No        hay hombre inútil mientras tenga un amigo.

 -Viajar esperanzadamente es mejor que llegar.

Escribir con una gata encima Por Ezequiel Feito

Escribir con una gata encima
puede ser exagerado,
pero así es; se ha acostado
entre el papel y la rima,
y como bien desafina
el verso salió maullado.
Borró con la pata una estrofa
y cinco comparaciones
No le miento, fue a la hoja
y empezó a escribir también.
Ahora me encuentro bien
acomodada a la mesa;
mis patas, el verso empieza
sin saber cómo ni porqué;
porque esto que están leyendo
- pues borré lo que había escrito-
es lo que una pata hizo
y otra la pasó a pecé.