sábado, 25 de julio de 2015

A mi madre, maestra Por Héctor Fuentes

Cierta vez me invitaste
a compartir tu camino.
"A la escuela", dijiste,
"hoy te venís conmigo".
Entonces me vi sentado
junto a dos forajidos.
"Es el hijo de la maestra"
se dijeron al oído.

Era algo hermoso escucharte.
Saber que en tus surcos de tiza
caían semillas danzantes.
Descubrir la espiga secreta,
el pan del entendimiento.
Así ponías blanco
sobre negro.
Llenabas con entusiasmo
las caras de desconcierto.
Y yo sentía
que el país era distinto,
que todo se transformaba
en algo bueno.

En el aire zumbaba un remanso
nacido en tus pensamientos.

Luego venía la hora
del chocolate caliente.
Una jarra besaba los bordes
de treinta tazas alegres.

Tu vida me fue dejando
una oración; un latido;
la gran paloma de viento
de tu delantal prolijo.

Cierta vez me invitaste
a compartir tu camino.
"A la escuela", dijiste,
"hoy te venís conmigo"

No hay comentarios:

Publicar un comentario